Por Juan Moreno Gutiérrez
La figura del Capitán Marítimo ocupa una posición central dentro del sistema de seguridad y control del tráfico marítimo. Se trata de un cargo con responsabilidades directas sobre la seguridad de la navegación, la prevención de la contaminación marina, la aplicación de los convenios internacionales y la gestión operativa del tráfico en los puertos. Por ello, el perfil profesional de quienes ocupan estas funciones no es una cuestión menor, sino un elemento clave del modelo marítimo de un país.
En este contexto, el caso español presenta una singularidad relevante en comparación con la práctica habitual en la mayoría de países europeos y anglosajones: la ocupación de cargos de Capitanía Marítima por ingenieros navales, un perfil técnico de alto nivel, pero cuya formación universitaria y marco competencial difieren sustancialmente de los de la Marina Mercante.
Este artículo no pretende cuestionar la valía profesional de la ingeniería naval, sino abrir una reflexión serena sobre la coherencia entre formación, competencias adquiridas, responsabilidades operativas y modelos de gobernanza marítima.
Competencias profesionales: dos formaciones, dos finalidades distintas
Los marinos mercantes (capitanes, oficiales de puente, máquinas y radioelectrónica) adquieren su cualificación a través de titulaciones universitarias y másteres habilitantes plenamente alineados con el Convenio STCW (Standards of Training, Certification and Watchkeeping) de la Organización Marítima Internacional (OMI). Dicho convenio regula de forma exhaustiva las competencias necesarias para ejercer funciones relacionadas con:
Navegación y maniobra en aguas restringidas
Gestión del tráfico marítimo
Seguridad de la navegación
Prevención y respuesta ante emergencias
Protección del medio marino
Aplicación práctica de los convenios Solas y Marpol
Toma de decisiones en tiempo real en entornos operativos complejos
Estas competencias se adquieren no solo mediante formación académica, sino también a través de periodos obligatorios de embarque, simulación avanzada y evaluación continua conforme a estándares internacionales.
Por el contrario, la ingeniería naval orienta su formación hacia el diseño, cálculo, construcción, inspección y mantenimiento de buques e instalaciones marítimas, con un énfasis claro en la ingeniería de sistemas, estructuras, propulsión y normativa técnica. Se trata de una formación imprescindible para la seguridad marítima desde el punto de vista técnico, pero no centrada en la operación del tráfico ni en la gestión directa de la navegación.
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